Amigo invisible

Era una cálida noche de verano y Julia estaba tomando una cerveza en la terraza, esperando a que bajaran las temperaturas para intentar conciliar el sueño. “De este año no pasa que pida el traslado al norte”, se decía así misma año tras año desde que tenía tan sólo seis, cuando su única preocupación era ir a la escuela.

Julia era un chica corriente de 28 años, que había descartado para siempre el sueño de convertirse en súper estrella de la música para trabajar como auditora de cuentas en una importante firma internacional. Era un trabajo extenuante por aburrido y robótico. Por eso,de vez en cuando, cuando sus remordimientos no le dejaban descansar, se tomaba unos días libres por prescripción psicológica. Le decía a todos que se iba a la playa, bajaba las persianas y se quedaba en casa componiendo canciones. “Así algún día tendré algo que enseñar a mis hijos y mis nietos” respondió a su amiga María cuando descubrió su secreto.

Aquella noche era la última del fin de semana largo que se había tomado para componer “Marilyn”, su obra maestra del año. Había salido a la terraza de noche, liberada de su placentero autoencierro y aprovechando una lata de cerveza que se calentaba al apoyarla en el suelo. De pronto, Julia vio un rayo en el cielo. “Qué raro, si aún no ha anochecido del todo”. Era un rayo lento, como un mensaje del cielo a ella misma, un destello fugaz que sólo ella vio. A los pocos minutos volvió a ver el destello, esta vez mucho más cerca. Parecía un tubo flexible con luz interior, era como una nube de plástico cilíndrica que se quedaba suspendida en el cielo por un instante. “¡No es imposible que sea él!” se dijo así misma.

Julia había olvidado al amigo invisible que le había acompañado hasta los doce años. Se trataba de uno de los personajes de su libro favorito “La Historia interminable”. El dragón Fújur había sido su ángel guardián desde que su tía Marisa le leyese la Historia Interminable en aquella época que pasó cuidando de ella. Julia le comenzó a ver en la ventana del baño durante sus largos juegos en la bañera y aprendió a hablar con él a través de la ventana. Luego le veía alrededor de la luna cada noche y decidió dejar de rezar como le dijo su abuela para empezar a hablar en secreto con Fújur. Se convirtió en su amigo inseparable, lo encontraba allí donde esperaba verle y el resto de su vida fue un continuo juego en sociedad fingiendo ante los demás que él no existía.

A los doce años, un día en casa de su vecina, tras jugar a la consola vieron reposición de la película de la Historia Interminable de Wolfgang Petersen y allí descubrió a su amigo disfrazado de perro blanco gigante, desde ese momento dejó de encontrarle. Julia acabó pensando que quizás se había ido a trabajar a Hollywood sin siquiera despedirse de ella, que él también se fue a perseguir sus sueños.

Ahora a sus veintiocho años recién cumplidos, ahí estaba Fújur, frente a su terraza en un sexto piso mirándole con ojos color rubí y bigotes de dragón suspendidos en un baile secreto.

– Fújur…nunca te despediste de mi.
– Julia, no me despedí porque nunca volviste a buscarme. Estuve esperándote cada noche de luna llena para que pudieses ver mi cara reflejada. Te esperé en todas las esquinas de la facultad, en las ventanas en tu clase de micro-economía, cuando no sabías que hacías ahí. Hasta te vi en la primera vez que te encerraste en el baño de tu empresa a llorar…pensé que ya no me necesitabas y dejé de buscarte.
– Pero….nunca te vi.
– Será porque no me buscaste, pero yo estaba ahí.
– Te he echado mucho de menos Fújur. Pensé que te habías quedado en los Estados Unidos, como saliste en la película esa…
– ¡Pero Julia, si la película la hice antes de conocerte!. No ves la carita de cachorro que tengo en la peli.
– Puede ser… ¿De cuándo es la película?
– Se grabó antes de que nacieses, en el 83. Yo aún era un chiquillo y tras esa experiencia y las críticas que me llovieron, jamás me planteé volver al cine. La gente puede ser muy cruel ¿sabes? La gente piensa que todos los dragones tienen un feroz rostro asiático. Pero no todos los dragones mágicos somos iguales. Y de joven tenía una cara aniñada de cachorro de perro más que de dragón. Aunque he de decir que gracias a eso, nadie me reconoce y cuando voy volando por ahí solo me ven aquellos que me están buscando.
– Te he echado tanto de menos Fújur. Te he necesitado tanto…

Julia y Fújur estuvieron hablando toda la noche. Julia le estuvo poniendo al día sobre sus cambios de vida, sobre sus amores truncados, sobre lo mal que se sentía consigo misma por haberse traicionado tanto, por no haberse atrevido a luchar por su sueño… El dinero que se había gastado en psicólogos y “coaches emocionales”.

– ¡¿ Pero por qué no me has llamado antes?! ¿Por qué no me has buscado si siempre he estado ahí?
– No sé Fújur…pensé que habías sido fruto de mi imaginación.
– Lo siento Julia, pero no tienes tanta imaginación. Soy real, y siempre te he ayudado en tu vida, para seguir el camino que buscas, para no tratarte mal a ti misma en la búsqueda de tu felicidad. Pero tengo que decirte una cosa: Julia, estas en el camino que el destino ha escrito para ti. No está escrito que seas una cantante famosa.
– Pero Fújur, ¿Cómo va a estar escrito mi destino? El destino es el que cada uno decide, el que cada uno se construye día a día y yo me he equivocado.
– Jajajajaja, ¿qué paparruchadas son esas Julia? ¿Quién te ha explicado esta tontería?

Fújur le estuvo contando a Julia que se olvidase de todas los cuentos chinos que le habían contado en la universidad, de todas las historias fantásticas de psicólogos y terapeutas. Le recordó la realidad: que ya ella supo con seis años. Le dijo que somos seres de la naturaleza, que formamos parte de una plan genial e infinito. Le contó que nuestra historia ya está escrita y lo único que nosotros podemos hacer es manejar las circunstancias que nos vienen dadas para disfrutar y no sufrir (o para sufrir, pues le dijo que hay personas que en el fondo disfrutan del sufrimiento). Le mostró que como él, existen muchos seres mágicos que pueblan el universo y que están ahí para mandar pistas a aquellos humanos que tienen la capacidad de verles y de desear hablar con ellos. Le contó que él nació en el Tíbet, como todos sus hermanos. Pero que luego muchos dragones nacen en otros puntos de la Tierra y que sabe que existen otros en galaxias lejanas, pero que le da miedo viajar en el espacio tiempo y por eso, prefiere pasar la eternidad en ésta región del planeta tierra.
-El clima no está tan mal, y me encantan las aceitunas recién cogidas de los árboles. Por las noches me recorro los campos de olivos para comer algo.
-Dicen que los huesos de las aceitunas son buenos para evitar el cáncer.
-¡Ohh! No sé si los dragones mágicos sufrimos enfermedades, pero por si acaso. Bien está saberlo.

Los amigos siguieron hablando hasta el amanecer, cuando Julia se dio cuenta de que no había dormido nada pero se encontraba más tranquila y relajada que cualquier otro día. -Fújur, me tengo que duchar e ir al trabajo. ¿Nos vemos esta noche?

-¡Claro Julia! Cuando quieras, aunque esta noche quizás no me busques porque necesites descansar, te espera un día muy largo en la oficina.

-No me asustes… No me apetece nada ir.

-Pues acostúmbrate, porque tu destino es ese. Así que trata de disfrutar. También tu destino es tocar la guitarra a solas, encontrar a un acompañante de vida maravilloso y tener algunos hijos. Pero eso vendrá más adelante Julia, así que tranquila pequeña.

-Gracias Fújur, me alegro mucho de haberte encontrado.

– Y yo me alegro aún más de que me hayas necesitado. Te quiero mucho pequeña Julia.
FUJUR

*”Imagen de JotDown: http://www.jotdown.es/wp-content/uploads/2013/10/FUJUR.jpg”

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