La Bandera

Ya se estaba impacientando. Jacinto tardaba demasiado. Hacía ya tres horas que le pidió que le hiciese el favor de buscar lana roja para terminar el disfraz de María.

Es verdad que eran fechas complicadas, pleno mes de septiembre en la costa brava y en visperas de Natividad. Ahora que acababan de instalarse en un país nuevo, la familia tenía que adaptarse a las nuevas costumbres. “Donde fueres haz lo que vieres”, fue el primer refran que aprendió María con seis años recién cumplidos y su primera función de Natividad en su primer día de colegio.

¿Cómo voy a encontrar lana roja en pleno agosto, Lin? sugirío Jacinto mientras cogía las llaves de la mesa de la salita. – Pues no sé Jacinto, la Natividad es como la Navidad, aunque se celebre en septiembre en vez de en diciembre. Como en nuestro país, la gente usa lana para las bufandas, los jerseys  y para hacer borlones con los que decorar el avet nativideño, es exactamente lo mismo.

Se habían mudado hace tan sólo cuatro meses y habían quedado agotados tras un extenuante proceso burocrático. Antes vivían a unos trescientos kilómetros de la frontera y durante los últimos cinco años Jacinto había trabajado en la filial española de la compañía. Ahora, debido a un interesante ascenso, tendría que mudarse a la sede central y la familia iría con él ya que Lin formaba parte de la oficina virtual de una empresa de exportación y era el primer año de colegio de María. Fueron más de cinco meses de documentación, fotocopias a la antigua usanza y documentos de identidad originales triplemente compulsados,  aquí no bastaban las copias telemáticas.Por eso, cuando en coche cruzaron  la frontera ya estaban completamente agotados.

El idioma fue también un pequeño obstáculo para Lin, aunque  lo entendían a la perfección porque su abuelos de pequeña le hablaban tanto en este idioma como en chino mandarín, le resultaba muy dificil hablar con fluidez.  Lo positivo, es que  le paracía fantástico  que en la escuela hicieran coincidir la vuelta al cole con la fiesta de la Natividad, así los niños estaban encantados. Tres noches tejiendo un jersey de franjas rojas y amarillas que a María le quedaría por los tobillos.

María estaba jugando en la alfombra con los restos de lana cortada, vistiendo a sus muñecos con ella, jugaba a hacerle gorritos y abrigos que pronto se deshacían en las manos de la niña. Había sido duro y muy extraño, pensó Lin al verle, pero por momentos así vale la pena que la familia esté unida. En el fondo sólo trescientos kilómetros les separan de los abuelos y con el nuevo visado la entrada y la salida del país sería mucho más rápida.  De hecho, si tomaban el tren fugaz en la frontera, en treinta minutos estarían en casa de los abuelos. Este 2101 podrían celebrar la Navidad en diciembre con los abuelos en Zaragoza.

-Lin, disculpa. He intentado llamarte pero la red estaba saturada. Me he recorrido todas las tiendas antiguas que quedaban abiertas al oeste de la ciudad. Sólo he encontrado una madeja de lana roja. Espero que sirva. – No te preocupes cariño, me estaba empezando a preocupar. Muchísimas gracias, con esto servirá. No es exactamente el mismo tono  de rojo que el resto  del jersey, pero bastará para rematarlo. María,mira quién acaba de llegar.-¡Papá! dijo la niña echando los brazos al padre.

Lin se apresuró a terminar el disfraz de María, eran ya casi las diez y media y la pequeña tenía que irse a la cama pronto, mañana era su primera fiesta de Natividad.

Jacinto dejó a la pequeña en la cama mientras Lin terminaba de ajustar el jersey extralargo. – Lin, te ha quedado perfecto, pero ¿no crees que la niña se va a asar de calor dentro de ese jersey? sugirió Jacinto en el tono más dulce y cuidadoso que pudo. -Ya lo sé, pero me lío un poco con esto de la Natividad y aquí la gente lo celebra exactamente igual que la Navidad, con los mismos motivos navideños. Se apresuró a decir Lin en un rápido intento por justificarse. – Ya… pero eso es porque mucha gente también celebra la Navidad en diciembre. De hecho, la gran mayoría  creo que celebra las dos fiestas. Mirándolo bien, que se lo ponga un rato. Luego os invito a comer en la playa y  así en diciembre le servirá para la fiesta de Navidad. Apuntó Jacinto con el don para resolver conflictos que le habría llevado al ascenso en su empresa.

La pareja se fue a la cama, pensando en silencio que el cambio había sido más extraño de lo que pareciera al principio. Era un país vecino y conocido, compartían costumbres e historia y como zaragozanos tenían muchos familiares cerca. Aunque aún les resultaba difícil adaptarse a las peculiaridades.

Aún así en los ojos de Lin,  con sus veinticinco años de inocencia y dulzura,  se podía adivinar la extrema felicidad que tenía pudiendo vivir cerca del mar, junto a su marido y la pequeña María. – Cariño, ahora estoy pensando qué no sé de qué tiene que ir disfrazada María mañana -Jacinto, pues es exactamente igual que en Navidad; los chicos en el colegio hacen un teatro sobre el nacimiento de Jesus de Nazaret y  hacen una representación del pueblo. -Bueno, entonces… ¿qué personaje le ha tocado a María?                -Jacinto, ¿de qué va a ser? le ha tocado la bandera.

 La bandera (2)

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